Aproximación a la obra de Alejandro Mieres

 

Hace ya bastantes años que, en un vaivén de convicciones, yo pensé, escribí y publiqué que "la crítica de las artes visuales es imposible". Sensatamente, tendría que haber añadido "para mí". Quería significar que los datos y valores plásticos no pueden ser representados por palabras y que todo intento de hacerlo no es más que una aproximación y una información convencionales. Sigo pensándolo. Pero también reconozco que hay escritores (Malraux, Cassou...) que han hecho una gran literatura de aproximación.

 Sin aspirar a tales grandezas, hoy soy yo el que está intentando aproximarse a la obra de Alejandro Mieres. Una obra cumplida (cumplida no es acabada) que ahora podemos ver panorámicamente, en pretérito y en presente, acogida por la Fundación museística que tiene el nombre del que fue otro gran pintor y gran amigo. Obviamente, estoy recordando a Juan Manuel Díaz-Caneja.

Sin entrar –que no tengo a la vista suficientes datos para ello– en la obra de juventud, me centraré en la que es propuesta plástica mayor de Mieres y, más concretamente, en un carácter básico de ésta, que no siempre se contempla con acierto. Yo he leído expresiones como "abandonó la figuración", "un representante de la abstracción" etcétera.  Afortunadamente, también he leído al propio Mieres diciendo: "Todo arte es abstracto". ¿Le habrán entendido?, me pregunto.

No es un equivoco universal el que padece la obra de Mieres, pero sí hay una frecuente y confusa manera de aludir a ella. Buena es esta ocasión, en su tierra de origen, para entrar sin remilgos en tal confusión: Alejandro Mieres no es un pintor normativo, constructivista ni clasificable en ninguna otra tendencia abstracta.

Alguien podría –espero que no ocurra– preguntarme: "Entonces, cuando Mieres dice 'todo arte es abstracto', ¿qué quiere decir?".

Pues exactamente lo que dice. Podríamos razonarlo de modo detallado y conceptual, pero es muy fácil una experiencia decisiva, que hasta puede hacerse sobre una buena reproducción. superpóngase un marco sobre la zona  que se prefiera del vestido de la Condesa de Chinchón, en el retrato de Goya (servirían muchos otros buenos cuadros, pero éste es muy adecuado). Inmediatamente estará ante nuestros ojos un magnífico cuadro abstracto pintado por Goya. Y ¿es Goya un pintor abstracto? Sí en los términos que Mieres propone; no en los términos de una clasificación normal. No tengo nada más que decir.

Otra cosa muy distinta es que Mieres, en su pintura figurativa, utilice elementos compositivos de carácter geométrico y que esté convenido que la geometría es abstracción y no naturaleza figurativa. (No es que tenga para nosotros mucha importancia, pero anotamos que tal convenio es un tanto apresurado, que geometría hay, como en los cuadros de Mieres, en la naturaleza: en nuestras células, en sus componentes granulares, en las creaciones de las abejas y las arañas, en...).

Creo que, para aliviar la confusión a quien quiera aliviarla, debe bastar lo dicho. Voy, pues, a esa que he dicho literatura de aproximación e información. Voy, sí, pero antes, aún diré algo que parecerá, sólo parecerá, contradicción: Mieres, cuando ha querido, ha hecho piezas de las que, en el lenguaje usual, podría argüirse que son propuestas abstractas. Estoy seguro de que a él le da igual y de que no se contradice  ("todo arte es abstracto"); a mí también me da igual, aunque yo argumentaría que más bien se trata de muestras "figurativas" de una realidad creada por Mieres. Y así lo dejo, que también puede bastar.

Si nos fijamos, por ejemplo, en un paisaje de Mieres, vemos que está construido con aparentes y previstos módulos geométricos. He dicho "aparentes", y añado que, en su verdad, no son tales módulos ni están previstos; lo que son en verdad es reiteración de formas que reproducen los ritmos formales que ese paisaje lleva consigo. Estamos pues ante una figuración y, si se me apura, ante una figuración realista. Pintores hay, y buenos, y muy buenos, que, ante un paisaje, prefieren "abstraer" y dar valor principal a la atmósfera, por ejemplo, o a la vibración cromática de la naturaleza vegetal, también por ejemplo (piénsese, sin ir más lejos, en los impresionistas), pues bien, Mieres, pintor bueno, y muy bueno, prefiere captar –o crear, es igual– esa rítmica que he dicho. Y se da la circunstancia de que en tal rítmica se da, a su vez, real también, la que yo llamaría una geometría profunda. Y esto es todo, que, pictóricamente, es  mucho, y es, además, de una coherencia estética impresionante.

Cuando hablo de paisajes estoy incluyendo el paisajismo urbano, importantísimo en Mieres a los efectos constructivos y compositivos, y cuando hablo de realismo no pienso en el realismo habitual (el que tiene asistencias tan notables como la de Antonio López) ni en los hiperrealismos americanos; pienso en el realismo de Alejandro Mieres, que hace evidentes y conjuga realidades (he dicho realidades) ciertas, menos contempladas por otros pintores, y ésta es su originalidad, y lo es precisamente por su condición profunda. No me repetiré, que ya está dicho, pero, a vueltas con este realismo sui géneris, sí diré algo de la luz, que es componente esencial de todo realismo.

La luz en la obra de Mieres se comporta en el modo realista (espero que Alejandro no se moleste con esta insistencia mía, bien sabe él de qué realismo estoy hablando), se comporta, decía, según la norma clásica de la perspectiva, pero hay algo más: el frecuente relieve de sus piezas es causa de que éste, el relieve, reciba la luz física natural, y esto determina que, en estas piezas, los datos representativos de la luz –y de la sombra, lógicamente– estén dispuestos con una particular sutileza.

Voy a terminar, pero aún, en otro grado de expresión, en una tonalidad literaria que quisiera poética, voy a insistir en la alta cualidad estética de esta obra, y también, porque quiero, en la alta cualidad moral de su autor.

 

Alejandro Mieres

vio luz en el temblor de la tormenta; luz quebrándose en las arterias del  relámpago. Vio la mansedumbre de  los centenales, vio la rasante de los vencejos. Era la infancia. Vino a Gijón, vino de Astudillo. Trajo un ramo de sueños. Fue un día al mar y lo pensó inocente y pacífico. El mar abrió los abismos del vértigo y Alejandro rehusó el  abismo: levantó  la  belleza de  la geometría  profunda. Dibujó la serenidad de la tierra, dibujó el polígono de la noche, alzó  el rojo a sus límites, obró  la salvación azul de los rectángulos.

Y se adentró en la fraternidad histórica. Salud, Alejandro. Te espero en el Alto de la Madera. Llévame un rectángulo. Llévame un mendrugo. Un sagrado mendrugo de fraternidad. Acuérdate.

 

Esto es todo.

                                                Antonio Gamoneda

 

 

 

Datos biográficos

 

Texto: Rafael del Valle. Fundación Díaz-Caneja

 

1927                Nace el 27 de agosto en Astudillo, madre y abuelos de Santoyo-Palencia, padre y abuelos de Torre de Esgueva-Valladolid. Primeros dibujos, copias de los grandes ilustradores, especialmente aventuras por Alex Raymond de Flash Gordon, de Tarzán, Rin Tin-Tin, Fantomas, el Príncipe Valiente, etc. de periódicos que un tío suyo le enviaba desde Surámerica y Nueva York.

 

1934                Primeras inquietudes políticas generadas por la Revolución del 34.

 

1936                Se traslada la familia a Palencia.

 

1939                Prudentemente viajan los familiares a Madrid. Al poco tiempo abandona los estudios y los sustituye por una voraz lectura de autores españoles y universales. Un paso posterior serán los estudios en la Escuela de Orientación Profesional, alternando enseñanzas teóricas con prácticas de talleres: carpintería, chapistería, forja y ajuste mecánico, con calificaciones de número uno.

 

1942                Dibujos, enviados a periódicos juveniles, reciben premios y consigue que su padre le matricule en la “Escuela ABC” por correspondencia, comenzando el estudio de dibujo y el colorido del natural.

 

1943                Trabaja como dibujante y retocador de originales en el taller de fotograbado de Afrodísio Aguado Ediciones.

 

1945                Visita a Juan Manuel Díaz Caneja. Sus consejos y orientaciones le conducen a dibujar al carbón en el Museo de Reproducciones Artísticas, entonces instalado en el Casón del Buen Retiro, y a ingresar el año siguiente, en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando. Sus estudios, con las mejores calificaciones, culminan con los Premios de Pintura Carmen del Río, en los años 1949 y 1950, que la Real Academia de Bellas Artes convoca para los alumnos de la Escuela, mediante concurso. Los profesores mejor recordados son Ramón Stolz de procedimientos pictóricos, Manuel Álvarez Laviada escultor asturiano que quiere que se haga escultor y el pintor de origen andaluz Joaquín Valverde que desea vaya de becario a Roma.

 

1951                Viaje de estudios con los compañeros de la Escuela a París. Presentado a la Galería Maeght, donde conoce a Giacometti. Trabaja de copista en el Museo del Prado, copiando a Botticheli, Gerard David, Goya y otros asuntos que le encargan. Da conferencias de arte en la Asociación Cultural Iberoamericana.

 

1952                Primera exposición con Rosa María Velilla, compañera de estudios y posteriormente esposa. Obras de raigambre expresionista, donadas en 1994 a la Universidad de Oviedo, a instancias de la Catedrática de Historia del Arte, Julia Barroso.

 

1953                Becado al Curso de Arte abstracto de la Universidad de Verano de Santander. Toma parte activa en las intervenciones al lado de Oteiza, Zabaleta, Millares, Saura, etc. A través del amigo común Joaquín de la Puente conoce a José Hierro.

                         Ante la imposibilidad de ganarse la vida con la pintura, realiza distintas actividades: escaparatista, vendedor de libros, pintor en la Feria de Muestras, en los estudios de cine Ballesteros y en las primeras películas publicitarias en color de Movierecord. Paraliza casi por completo la pintura propia hasta su reanudación en 1960.

 

1953-58          Profesor de Dibujo en el Instituto de Burgo de Osma, Soria. Matrimonio con Rosa María Velilla y nacimiento de los dos primeros hijos. Tendrán ocho de los que viven siete.

 

1958-60          Profesor en el Instituto Laboral de Elche-Alicante.

 

1960                Obtiene por oposición la cátedra del Instituto Jovellanos de Gijón, donde permanecerá hasta su jubilación en 1991.

 

1963                Desarrolla una enseñanza de investigación y creatividad. Uno de sus alumnos obtiene un segundo premio en Italia en un concurso, invitado por el Ministerio de Educación, presidido por Henry Moore.

 

1970                Obtiene el primer premio de dibujo y el primer premio de pintura en los Concursos Nacionales.

 

1971                Segundo premio en la Bienal de León.

 

1971                Crea el Grupo “Astur 71”, que despierta el panorama artístico asturiano.

 

1981                Se le dedica como homenaje el XII Certamen Nacional de Pintura de Luarca.

 

1991                Se jubila de las tareas docentes oficiales.

 

1992                Se le concede el primer premio del I Certamen Selgas de Pintura.

 

2000-16          Exposiciones en Palencia, Madrid y Asturias.

 

2016                Medalla de Plata del Principado de Asturias.