Julián Alonso

María Rosa Alonso

Jesús Aparicio

Noelia Báscones

Fernando Bergés

Manuel Bores

Ángel Cuesta

Marcelino García Velasco

Fernando Palacios

Luis Javier Pinar

María Jesús Prieto

Luis Rodríguez

María Sánchez

Sara Tovar

Rubén del Valle

Alicia de la Vega

Félix de la Vega

Tello de la Vega

Fernando Zamora

 

 

LOS BODEGONES DE CANEJA.

                Ya en los orígenes del arte, se emplean temas pictóricos con una cierta carga simbólica. Los artistas flamencos del siglo XVI, completan los extensos y abigarrados cuadros destinados a palacios y casas de la burguesía, con grupos de objetos que manifiestan la abundancia que reina en esos hogares. En general, se conocen estos complementos con el nombre genérico de “naturalezas muertas”.

En España y en los siglos XVII y XVIII, alcanzan  gran esplendor de la mano de maestros tales como Velázquez, Zurbarán, Sánchez Cotán, Meléndez,… que les convierten en verdaderas obras de arte, utilizando una gran libertad en la composición. Excepción hecha de los de Zurbarán, que tienen un halo de misticismo, la mayoría de las “naturalezas muertas”,  tienden aquí a representar motivos gastronómicos, lo que realmente merece el nombre de “bodegón”. Con una pretensión muy sensual, se mezclan en ellos, una serie de alimentos y recipientes  muy comunes, sobre mesas, manteles o la hierba del campo.

El bodegón pierde  su aprecio cuando, en el siglo XIX, se puso de moda la pintura al aire libre, el “impresionismo”. Se abandona este estilo, a principios del siglo XX, al considerar sin  sentido el retratar la realidad. La incipiente fotografía  empieza a demostrarlo. Las “vanguardias” anuncian la “abstracción” con numerosas tendencias coetáneas. La más conocida, el “cubismo”, de la mano de  Cèzanne, un antiguo impresionista, incorpora el bodegón como objeto pictórico, para diferenciar las formas de los objetos y someterles a un tratamiento individualizado.

Caneja recibe la influencia del “cubismo”, pero le da el tratamiento particular que preside toda su obra. En la primera etapa –década de los años 40- los bodegones que pinta, conservan muchos de los caracteres cubistas de Cèzanne. En cambio, los de 1970 en adelante, tiene ya evidente autonomía, con características propias de la pintura que el palentino realizaba en ese momento: amplias zonas de color uniforme y pálido que alcanzan mayor viveza en el color  y perfiles más marcados en los de la década de los 80.

Aparte de las distinciones cronológicas, que se aprecian en los últimos bodegones de Caneja, existe una diferencia formal evidente: los primeros, son pinturas de interior, en cambio los restantes, incorporan el bodegón al paisaje, lo hacen formar parte de él. Hasta tal punto es así que resulta difícil considerar a ésos bodegones como género distinto y no como parte del mismo paisaje.

Todo ello responde a  la forma que utiliza Caneja  para  componer el cuadro, centrando el motivo principal, con lo que le libera de las barreras físicas del  marco y lo convierte en una figura adherida al paisaje. Por otra parte mantiene la permanente finalidad de convertir, en este caso al bodegón, en una huella más de la presencia humana, en contacto con la naturaleza que le rodea.

Para recordar a Caneja en el trigésimo aniversario de su muerte, un grupo de artistas y poetas palentinos, participan en esta exposición que tiene como tema genérico la naturaleza muerta y más en concreto el bodegón.

                                                                                              Rafael del Valle Curieses