IGNACIO IPIÑA

( 1932 - 2010 )

 

Durante la década de los años 50 la influencia de la denominadaEscuela de Vallecas está alcanzando a los pintores del norte. El Grupo la Pajarita, en Vitoria, y el Grupo del Suizo, en Bilbao, recogen su testigo incorporándolo a su ideario pictórico, el cual, está abierto a toda aportación que pretenda aires más audaces y refrescantes para el arte. Tal era la necesidad. Eran tiempos muy severos; también para el arte. Cualquier interpretación salida del costumbrismo más correcto corría el riesgo de ser catalogada como un exceso fuera de lugar y por tanto apartada de las escasísimas oportunidades a las que un artista podía aspirar para exponer su obra.

Unos años atrás, a mediados de los años cuarenta, IgnacioIpiña está iniciando su carrera artística interpretando los paisajes de Orduña y Délica. Acompaña a Baysala, de quien recibirá bases sólidas en la composición del cuadro. Posteriormente, entrada la década de los 50, entabla amistad con el alavés Florentino Fernández de Retana con quien recorrerá y pintará los paisajes de Estella.

 

            Ipiñanunca perteneció a una escuela, y, como el decía,  nunca fue segador de “ismo” alguno, lo que no impidió que en su proceso de formación como pintor, recibiera la influencia, sin duda a través de Baysala y de Retana,  de la corriente de Vallecas, escuela aquella lo suficientemente ecléctica como para contar en sus filas con los espíritus más libres de aquellos años.

            Su evolución pictórica estuvo determinada por sus vivencias. Elcubismo en la composición, el expresionismo como herramienta para proyectar sensaciones, el realismo crítico de sus paisajes, conforman una base que contiene rasgos claros derivados de la Escuela de Vallecas, pero la potencia y la fuerza, tanto en el trazo como en el color, los volúmenes construidos por manchas aplicadas con generosidad, mayormente violáceas, y un sentido histórico y social en el tratamiento de sus temas hicieron que su pintura ganara en personalidad.

            Cuando IgnacioIpiña consideraba que un tema debía ser interpretado, se centraba en el, no lo pintaba sin más, lo estudiaba, se documentaba, escuchaba a los testigos y recogía sus sensaciones. La razón de ser de su trabajo debía incluir un aspecto histórico además de estético. Es por este motivo que en la mayoría de las ocasiones sus exposiciones han sido temáticas. En esta exposición se pretende evidenciar la evolución pictórica de Ignacio Ipiña, más allá del tema que interpretara, desde aquel joven pintor que se buscaba así mismo por las tierras.