Porque es la obra (el  cuadro) la que tiene que hablar, la que tiene que decir lo que no puede expresar la palabra. Ella es, con lo que tiene de particular, la que tiene que hablar a la sensibilidad de aquel que la contempla y, por encima de la inteligencia, tiene que llegar a la emoción. Para comprender un cuadro no es preciso entender exactamente lo que el autor pensaba o quería, es suficiente que nuestra sensibilidad, libre de prejuicios, se abra hacia la obra, y esperar que la pintura nos hable, no con el lenguaje que, posiblemente, nosotros quisiéramos, sino con el que le es propio.

Sólo entonces podremos establecer un diálogo, sólo entonces llegará a significar verdaderamente algo para nosotros.

 

 

Expo. 2003 Barcelona.

Albert Rafols-Casamada