Oscura y dulce Paula Bonet, ilustradora

por Javier Rebollo

 

A Truffaut no le gustaba la pintura pero la ilustración, más popular y menos noble, habitual de sus lecturas en ediciones de bolsillo, y no la otra, de museos y exposiciones, la pintura, alta cultura de salón que no iba con este chico de barrio que solo sabía de cine. Una vez en Madrid, el crítico Miguel Rubio, amigo español del francés, hizo lo imposible por llevarle al museo del Prado, pero Truffaut no salió de su hotel, conociendo la ciudad sin salir del cuarto. Siempre prefirió Truffaut el reflejo a la vida, la representación a la realidad, Trenet a Brel, el pinball a los deportes, las mujeres a los hombres a partir de las ocho de la tarde. Las putas siempre. Los libros.

 

Por eso estoy seguro de que le hubiera encantado a Truffaut este libro de Paula Bonet; y no digo las ilustraciones de Paula Bonet sino el libro de Paula Bonet, porque para deben ir juntos. Por eso hay que celebrar esta exposición-libro en un Centro Cultural y no en un museo, en Las Naves, un laboratorio vivo de cultura y de barrio en esta época inculta. Y es que, como el cine de Truffaut, es este libro de Paula Bonet un libro popular en el mejor sentido de la palabra, un libro hecho con amor y paciencia, con cuerpos y objetos más que paisajes, como el cine de Truffaut, pero es a la vez es un libro de autor, un objeto único, tan encantador y amable, ojo…. como bello y siniestro, turbio en su colorido y lápiz musical. Y es que, como Serge Daney decía -y esto lo ha entendido muy bien Paula Bonet- hay dos Truffaut: un Truffaut que amaban las familias y mujeres, que tranquilizaba, el Truffaut dulce de los niños, el Truffaut-Jeckill de L’argent de poche, de La nuit américaine… y hay otro Truffaut, oscuro y torturado, enfermo y depresivo, enamorado, el Truffaut-Hyde, el de L’Histoire d’Adèle H., La chambre verte, La peau douce o La femme d’à côté. Es este el Truffaut que ha escogido contar Paula Bonet. Por eso, no se fíen de esta mujer ni de sus apariencias, no se fíen de sus dibujos ni de su clara caligrafía -tan parecida a la de Truffaut-… se lo advierto.

 

Ahí tienen, en la portada de este libro, debajo de esa misteriosa y adultera cifra de provincias, 813, ahí tienen a una mujer justo antes de apretar el gatillo de un revolver contra su sien, acaba de hacerlo contra la de su amante… después de acabar(se) en un orgasmo a dos.

 

Frente a Godard, a quien gustaba filmar a la gente trabajando, pensaba Truffaut que era muy aburrido filmar a la gente en el trabajo, tan seria y adulta, por eso siempre ocupó a sus personajes en extravagantes oficios infantiles, jugando con maquetas o aviones; …pues bien, hay dos mujeres ilustradoras de oscuros cuentos infantiles en sus películas, singular oficio, búsquenlas en su cine; una sale en este libro, otra no; pero hay otra, es Paula Bonet, que tanto nos regala de misma en este libro que intuyo muy autobiográfico. Paula Bonet que, si se fijan, se parece a Françoise Dorléac, Nicole en La peau douce y en el cuarto 813… y es que todas las mujeres que dibuja Paula se parecen un poco a Paula o Paula acaba pareciéndose a ellas de tanto mirarlas, como en un cuento fantástico. Y de esta mujer, como del libro, también estoy seguro, si me lo permiten, se hubiera enamorado el oscuro y dulce Truffaut.