REALIDADES TRANSFIGURADAS

RICARDO SÁNCHEZ

 

 

«En este sentido, estas pinturas serían pinturas quedas o de quietud, porque el hecho de que estos paisajes urbanos no incluyan personas, animales, tráfago de vida, nos induzca a mirarlos como cosas del mundo, es decir, materialidades, desde edificios o diseños industriales, árboles y casas, revestidos de esa dignidad de cosa. Porque la cosa no es un objeto, pura materialidad sin huella ni memoria de hombre, y sin individualidad alguna, puro instrumento; y estas estaciones, trenes, vías, y útiles mecánicos son cosas porque, como las cosas, guardan esa huella y memoria, o son de las otras cosas que parece que esperan poder acompañar y ser acompañadas, y tienen esa soledad de espera. Lo que ocurre es que estos paisajes urbanos y estos retratos de una máquina industrial que es cosa de manera muy profunda, no tienen figuras humanas, pero están habitados; y quien mira estos cuadros sabe, enseguida, que lo están. Y lo sabe, porque la pintura de estos cuadros es pura contemporaneidad, reconoce esos paisajes si los ha visto, o sabe de todos modos que están ahí, en la realidad geográfica española, y que las estaciones, los trenes, las locomotoras, pueden ser sorprendidas en su soledad, pero que son paisajes habitados, y cosas, ahora mismo en relación de vida y memoria con los hombres. Por lo pronto, si se conoce la pintura anterior de Ricardo Sánchez, se ve en estos edificios, paisajes, y trenes, como en pentimento, las figuras humanas de esa pintura, las casas donde habitaban, y desde las que salieron de vieja, y ahora mismo recuerdan en las estaciones o en el tren, o a las que esperan volver, y también sueñan. Porque pentimento es, ciertamente, arrepentimiento de pintor que pinta encima de lo que ha pintado una nueva pintura, porque desiste de su primera visión o corrige, pero pentimento o arrepentimiento es también en realidad todo aquello que en el cuadro se deja de lado, pero en lo que el artista piensa mientras pinta o incluso dibuja y pinta para borrarlo o pintar encima, pero ahí queda su presencia. Y, entonces, como digo, el que mira estas estaciones y recuerda las estancias, y los espejos, o los rostros, no puede dejar de ver poblados estos espacios, edificios y paisajes, casi siempre ofrecidos también como para pensar en ese pentimento, como en la gran pintura antigua ocurría, por el asomo de unos árboles, cuya pintura, por cierto, es en este pintor también de un pormenor y miniado antiguo: ramas ramas, y hojas hojas, o arrecimiento de corteza incluso sosteniendo la gasa de la niebla. Nada se deja a la impresión con manchas y escorzos, se ve sencillamente, está ahí; aunque lógicamente sea naturaleza transfigurada, porque de otro modo no habría arte. Al paisaje objetivo le construimos cuando le miramos, según lo que llevemos dentro de nosotros, pero el pintor, tal es su oficio, ve más y más profundamente, y más allá, y por detrás, y con los ojos de los muertos. Es decir, irremediablemente la historia de la pintura entera está siempre en un pintor, y siempre es aquella por la que el pintor ha quedado más herido y confirmado

«Estas pinturas, grisallas, y dibujos con velo o niebla, de Ricardo Sánchez, son de una factura o técnica absolutamente personal, y creo que funcionan como renuncia y disminución de medios para una belleza más profunda, pues tal es el resultado; como para mirar el mundo dejando que él reluzca, y, para ello, se le arrebata el color, o se le envuelve en un velo

«Y no , en fin, si será preciso avisar, a quien mire estas pinturas de Ricardo Sánchez, de que también resulta antiguo –prefiero este adjetivo al de clásico, demasiado condicionado ya académicamente– en la ingenuidad primera del pintor antiguo, que es la de entender el cuadro como una finísima piel del lienzo o de la tabla, sin hacer del material mismo del pigmento un elemento estético, o sentimental y dramático, de aquellos, como ocurrirá en toda clase de impresionismos y expresionismos, por ejemplo. Ya dije desde el principio que estas pinturas son quedas o tranquilas: esto es, pinturas solamente en su gozo de pinturas de paisajes urbanos, y para gozo de quien mire, y de su estación y estancia en ellos

JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO