Per Viam_2

Ángel Cantero

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De paso

La expresión pictórica de Ángel Cantero podríamos definirla como figurativa dentro de un Realismo Simbólico, con una epidermis de texturas en sillares y capiteles que invi­tan observar de cerca, hasta que nos cuestionemos si realmente lo importante es el armazón interior que sostiene el discurso que nos conducirá a otras percepciones más escurridizas. A poco que profundicemos, tomaremos distancia respecto a lo puramente visible para encontrar el camino hacia un terreno donde los significados se amplían y tie­nen más que ver con el conocimiento que con lo meramente sensorial.

En todo caso, Ángel mira como un científico analista a través de su microscopio la piel de las piedras que nos acerca, es un pintor que saca todos los matices posibles en su excelente uso cromático, tallado a golpe de pincel o de plumilla, haciéndonos viajar a otras épocas con la erosión del paso del tiempo, recogida en sus obras como home­naje a lo perdurable y a lo efímero a partes iguales. Piedras de otras épocas con su len­guaje simbólico, que Cantero actualiza llenándolo de conceptualidad y sellándolo como un barniz de forma clásica. Así, perdure el lenguaje y su obra.

La obra de Cantero es mística rozando el misterio en su conjunto en el uso de cla­ves puestas con el deseo de descubrir e interpretar diferentes signos, a modo de heren­cia matemática, haciéndonos saltar con Fibonacci en una secuencia numérica, en un juego entre Arte con-Ciencia, o mediante guiños a Fulcanelli. El arte como proporción divina, al que Cantero nos acerca de forma magistral hacia una semiótica contemporá­nea, en un principio de siglo XXI donde es casi imposible ya observar estos guiños, desde una obra trabajada a conciencia.

No puede, por menos, venirme a la cabeza Humberto Eco cuando escri­bía: «los objetos están semánticamente desgastados antes de su materialidad». Esto pasa con la obra de este artista, que nos transporta a otra época donde el arte ocupaba un lugar importante tanto en colecciones privadas como públicas. Obra atemporal, disfrutemos de ella, de esta magia que Cantero crea, un artista intelectual –entendiéndose como alguien que trabaja con su mente– en este caso maridando arte y ciencia, en un proceso de comunicación donde crea sis­temas. La didáctica entre estos sistemas y su proceso nos lleva a un trazo firme entre mensaje y código, en un recorrido en el que sólo está la madera llena de óxido de hierro, amarillos cadmio, diferentes sienas, carmín de garanza o violeta de cobalto.

En un recorrido en el que sólo está el artista, en un paseo donde única­mente está el espectador y, en algún momento, me gusta pensar que hay un diálogo entre ambos, sin palabras… de comprensión muda.

 

Cris S-Villegas