“Pintura”

Crís S.-Villegas

Una celebración de vida

Como individuos y como especie somos el fruto de nuestro pasado. Crís S.-Villegas ofrece con su pintura una muestra de arte de corte atemporal, capaz de fundir en un discurso coherente y cargado de emoción los ecos de buena parte de la Historia del Arte, arte tamizado a través de su propio filtro, genuino y exquisito. En la pintura de Crís se manifiestan iconografías propias y muy personales aunque resulten, a la vez, cercanas y universales.

La rotundidad totémica de la silueta de un alce, que perfectamente pudiera pasearse junto a los bisontes de Altamira, de pronto encuentra su contrapunto en un naturalismo grácil y sutil, de esbeltas garzas que se acomodan al formato del lienzo como las figuras de los templos románicos. Homenajes a la pintura pompeyana conviven en armonía con los fondos metálicos de herencias bizantinas. También el arte Oriental se manifiesta de forma evidente a través de estas pinturas.

Obras que rezuman naturaleza a través de sus fondos traspasando las trasnochadas fronteras entre figuración y abstracción. Superficies ricamente texturadas (cobres, óxidos, dorados…) navegan por territorios de acero corten que son paisajes en sí mismos. Espacios que dialogan con las figuras. Pinceladas de gran resolución, de contornos definidos y bien recortados contrastan con fondos de enérgico tratamiento, cuyas formas se diluyen esquivas envolviendo a las figuras. Todo en contrapunto que nos desliga de la realidad.

Los motivos vegetales articulan la lectura de la imagen, pautan la composición y dirigen la mirada, hasta que un pajarillo, indiferente ante nosotros, fija certero el centro de interés de la imagen, aportando el equilibrio que completa la obra que, en su conjunto, resulta siempre delicada y elegante.

Crís S.-Villegas hace una “pintura pintada”, que se sustenta en un saber hacer. La experiencia de quien vuelca cuerpo y alma en el taller permite a la Artista moverse entre multitud de técnicas. Técnicas heredadas de otras disciplinas aparecen de manera más o menos evidente: la Artista emplea recursos propios del grabado, del cartel o la ilustración, de la pintura mural, de la acuarela… Recurre a envejecidos, estampaciones, veladuras, reservas, esgrafiados… hasta el punto de que cada una de las pinturas que se muestran en esta sala podría establecer por sí misma el origen de un discurso estético independiente.

En todo caso, considero oportuno apostillar que esta multifacética libertad creativa, fruto de su natural curiosidad y afán investigador, puede resultar desconcertante a algunos ojos acomodados, mientras que a otros muchos nos provoca una agradable sorpresa: la libertad creadora no puede ni debe tener límite alguno salvo los que el propio artista establezca para sí.

La propuesta artística de Crís es una obra personal fruto de su exigente selección. Cuando la Artista decide mostrar al público el fruto de su trabajo, de su intimidad y soledad en el taller, no sólo exhibe las habilidades y destrezas técnicas, sino también, y sobre todo, el bagaje que atesora su experiencia vital.

Además de una representación naturalista y rigurosa de cada espécimen, Crís nos regala, como no podía ser de otra manera, una gran sensibilidad y una enorme carga simbólica. Sus criaturas: las garcetas, reyezuelos y pardillos, los mirlos, abejarucos y petirrojos son algo más que pájaros, son símbolos de libertad, de vida.

 

Juan Carlos Matilla
Pintor